No recuerdo nada antes del momento en que desperté. No sé quién soy, no sé si tengo a alguien, y lo peor es que no sé si alguien puede contestarme. Ni siquiera sé cómo aparecí en este lugar, al que supongo que ahora debo llamar hogar. Pero por alguna extraña razón, sé perfectamente lo que tengo que hacer. Conozco perfectamente todo a mi alrededor, aunque no puedo afirmar que hubiera estado aquí antes. Simplemente, he de cultivar cada día estas plantas de tan extraño aspecto, y por la noche, mientras duermo, ellas vienen y se lo llevan. Nunca las he visto bien, pero alguna vez me lo ha parecido. Algunas son pequeñas, como mariposas, son como pequeñas bolas de luz, las hadas de la noche. Pero hay otras de diferentes tamaños, que vienen a ayudar a las pequeñas cuando hay demasiada cantidad de cosecha. También brillan intensamente, pero en ellas se puede distinguir una forma, la apariencia de una pequeña niña con alas de mariposa, como sacada de un cuento...
Pero nada comparable a ella... Apareció una vez, cuando todas las demás se habían marchado, era más grande, aparentaba ser una joven de edad cercana a la mía. Cuando se vio sola, cogió una pequeña flauta que llevaba colgada a la cintura y comenzó a tocar. Era lo más bonito que había escuchado jamás, una melodía envolvente, mágica y tan irresistible que podría resultar peligrosa. Ciertamente, aquel hada no me parecía tan inocente como las demás, lo que la hacía infinitamente más atrayente a mis ojos. Entonces, comenzó a bailar al son de su propia música, la danza más delicada y sensual que jamás nadie podría contemplar. Completamente aturdido por su belleza, salí del escondite en el que la había estado observando. Cuando ella me vio, algo en mí pareció divertirle, suelo pensar que debió ser la expresión de mi cara de asombro por su belleza.
Pero, por alguna razón, en el momento en que sus ojos se posaron en los míos, cruzó por su semblante la más viva expresión de temor, que dio paso a una mirada con el miedo clavado en lo más profundo... Sin decir nada, se marchó lo más rápido que pudo con la vista vuelta hacía mí, vigilando por si la estaba siguiendo.
No la he vuelto a ver, y no logro comprender que vio en mí que le causó tal temor, pero yo lo único que sé es que una parte de mi no la puede olvidar, y necesito verla de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario