Siento que estoy encerrada, gritando muy alto, pero nadie puede oírme.
Lo peor es, que quién puede oírme me ignora.
Y además, no puedo contar con los demás porque no quiero gritar a la gente que me quiere.
Tristemente, esta cárcel ha estado aquí siempre, pero nunca antes me habían cerrado la puerta con llave.
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